«Si respetamos la Antártida, nos estamos respetando a nosotros» Entrevistamos a Marta Estrada, investigadora, oceanógrafa y bióloga marina

Marta Estrada es una investigadora, considerada una oceanógrafa y bióloga marina de prestigio y relevancia internacional. Sus estudios se basan en la caracterización fisiológica y en el impacto ecológico de las algas y del fitoplancton.

Ha participado en equipos científicos españoles e internacionales de investigación oceanográfica. Ha hecho expediciones en Perú, Costa Rica, en el noroeste de África y California. Ha formado parte de exploraciones oceanográficas en el mar Mediterráneo y en los principales océanos del mundo, incluidos el Ártico y el Antártico.

Destaca la expedición que compartió con la también oceanógrafa catalana Josefina Castellví el verano austral de 1984-1985 a bordo del barco argentino Almirante Irizar, con el que se convirtieron en las primeras españolas en pisar la Antártida.

Ha publicado un gran número de trabajos en revistas internacionales especializadas, así como capítulos de libros sobre oceanografía. .

Además de varias distinciones académicas, fue galardonada con el Premio Trégouboff de la Academia de las Ciencias de París, obteniendo diversos reconocimientos como la Medalla Narcís Monturiol al mérito científico y tecnológico, y la Cruz de Sant Jordi.

Marta Estrada fue invitada a la inauguración del Festival BBVA de Cine de Montaña de Torelló, que tuvo lugar del 19 al 21 de noviembre, y que este año se ha centrado en L’Antàrtida. Un continente que a finales del siglo XIX y a inicios del XX fue un reto para explotar y conquistar, pero que gracias al Tratado Antártico de 1961 se ha protegido por dedicarse a la investigación.

El Festival está coorganizado con la Fundació Antigues Caixes Catalanes y BBVA.

 

– El impacto ecológico de las algas y del fitoplancton ha marcado buena parte de tu trayectoria profesional. Como se explica que una bióloga que también estudia Medicina y Cirugía, acaba dedicando toda su vida a investigar incansablemente el fitoplancton. ¿Tan importante es el fitoplancton para nuestros océanos y planeta?

Cuando tenía que empezar a estudiar en la Universidad, me gustaba todo; lo único que tenía claro es que quería dedicarme a la investigación. Hice el selectivo de Ciencias y pensé que la Bioquímica, que entonces estaba tomando mucho empuje, sería un buen campo. No existía un grado específico para este tema y decidí estudiar conjuntamente Biología y Medicina, que tenían asignaturas de Bioquímica. Lo que ocurrió después es que, durante la carrera de biología, tuve de profesor al Dr. Ramón Margalef y me gustó mucho su enfoque multidisciplinar e integrador de la ecología. Cuando terminé los estudios le pedí que me dirigiera la tesis doctoral y entré como becaria en el Instituto de Investigaciones Pesqueras, donde el Dr. Margalef investigaba oceanografía. Es decir, lo que me interesó era la forma de enfocar la investigación, más que el objeto en sí mismo. Y debo decir que estoy muy contenta de esa decisión.

Lo que llamamos fitoplancton es un conjunto de organismos microscópicos, microalgas y cianobacterias, que viven en suspensión en las aguas (tanto dulces como marinas) y tienen clorofila, gracias a la cual captan la energía solar, fabrican materia orgánica y se reproducen, de forma comparable a lo que hacen las plantas terrestres. La materia orgánica producida por el fitoplancton es la base de las redes tróficas marinas (por eso se habla de producción primaria) y representa aproximadamente la mitad de la producción primaria de todo el planeta. Al captar dióxido de carbono y producir materia orgánica, una pequeña parte de la cual sedimenta hacia el fondo marino, el fitoplancton juega un papel muy importante en el ciclo global del carbono.

 

– Los años 80 compartiste expedición con la también oceanógrafa catalana a bordo del barco argentino Almirante Irizar. Con esta expedición, Estrada y Castellví se convirtieron en las primeras españolas en pisar la Antártida. ¿Qué recuerdos guardas de tu estancia en el continente más frío y seco del planeta? ¿Es posible trabajar en las condiciones extremas de la zona?

El paisaje helado, los glaciares y los icebergs son especialmente fascinantes, sobre todo para una persona a la que le gusta la montaña.

Nosotros estuvimos en la Antártida en verano austral; las temperaturas no son extremas como en invierno. Ahora bien, es frecuente que haga mal tiempo y el viento y el mal mar pueden ser bastante impresionantes.

En el Ártico, en el norte de Canadá, sí que he trabajado en invierno. Estábamos en un barco rompehielos canadiense que expresamente dejaron que quedara atrapado en el hielo. Bajábamos del barco como el que sale a la calle, a tomar muestras a través de un agujero hecho en el hielo. A 30 o más grados bajo cero, había que ir muy abrigado; además, entre los guantes y entre los calcetines, llevábamos sobrecitos con componentes que desprenden calor cuando se ponen en contacto con el aire, como hacen muchos esquiadores.

 

– En ocasiones, haces referencia a que es imprescindible trabajar de manera multidisciplinar. ¿A qué te refieres?

Por ejemplo, como ocurre con las plantas terrestres, para producir materia orgánica, el fitoplancton además de luz solar necesita agua, dióxido de carbono y nutrientes como (entre otros) nitrógeno y fósforo, que se obtienen básicamente del nitrato y fosfato disueltos en el agua. El crecimiento del fitoplancton agota los nutrientes de la capa superior, iluminada de la columna de agua, y son la mezcla vertical y las corrientes que vienen de niveles más hondos, los que deben devolver estos nutrientes hacia arriba. Es decir, si se quiere estudiar la producción del fitoplancton es necesario trabajar en colaboración con químicos, que midan la concentración de las sales disueltas en el agua, y físicas, que estudien las corrientes. Igualmente, si se quiere estudiar el zooplancton (como el krill) o los peces, es necesario conocer la producción primaria de que disponen como base para alimentarse.

 

– Ahora en la sociedad, todo el mundo habla del cambio climático, y de cómo la Antártida, en el hemisferio sur y el cuarto continente más grande del planeta, a pesar de ser uno de los espacios más vírgenes del planeta, lo está sufriendo, especialmente la «pequeña Antártida». ¿Tan grave es la situación? ¿Por qué cuando la preocupación real llega al ciudadano, los investigadores y científicos llevan tiempo avisando?

Estamos viendo ya los efectos del cambio climático en nuestro país, y el clima es sólo uno de los aspectos de lo que llamamos cambio global, que incluye impactos como la pérdida de biodiversidad, la contaminación o la alteración de ciclos biogeoquímicos. Hace muchos años que científicos y otros muchos avisan de todos estos problemas. Un informe del IPCC (el Panel Internacional sobre Cambio Climático) presentado este año afirma que, a menos que se reduzcan de inmediato ya gran escala las emisiones de gases de efecto invernadero, será imposible limitar el aumento de temperatura a 1,5ºC o incluso 2ºC. Sin embargo, como hemos visto en la COP 26, las resoluciones adoptadas por los líderes políticos siguen siendo insuficientes.

 

– La FACC y BBVA coorganizan el BBVA Torelló Mountain Film Festival. ¿Qué le ha supuesto poder participar en la inauguración de este año, junto a Francesc Sàbat (geólogo y alpinista) y Rafael Simó (oceanógrafo)?

Hace años que asisto a sesiones del Festival BBVA de Cine de Montaña de Torelló (el año pasado me conecté por internet). Este año ha sido todo un placer disfrutar del audiovisual y poder compartir el diálogo de la sesión inaugural con la periodista Nati Adell y los colegas y amigos Francesc Sàbat y Rafel Simó.

 

– Algún aspecto o mensaje que quieras trasladarnos…

Me gustaría recordar que, aunque quizá vemos la Antártida como una zona remota, el continente y las corrientes marinas que lo rodean tienen un papel primordial en la circulación oceánica y atmosférica de todo el planeta. La salud ecológica de la Antártida está interconectada con la de toda la Tierra. Como decías más arriba, respetar la Antártida es respetarnos a nosotros.