2a edición de la Biennal d’Arts Visuals Ricard Camí

Anna Pascó, galardonada en la 2.ª edición de la Bienal de Artes Visuales Ricard Camí, ha presentado en el Espai Isern Dalmau de la Fundació Lluís Coromina Isern la exposición “Toda piedra es una montaña en potencia”, que se puede visitar hasta el 6 de junio.

Licenciada en Bellas Artes por la Universitat de Barcelona y por la Akademie der Bildenden Künste München, su trayectoria se caracteriza por una intensa colaboración con instituciones científicas en Alemania, Dinamarca, Bélgica y España. Ha expuesto en galerías y museos de todo el mundo y ha sido reconocida con becas y premios. Vive a caballo entre España y Alemania, donde además ejerce la docencia en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona y en la Facultad de Arquitectura de la Technische Universität München.

La Bienal de Artes Visuales Ricard Camí está coorganizada por la Fundació Antigues Caixes Catalanes, la Fundació Lluís Coromina Isern y bonart cultural, y se ha dirigido a proyectos artísticos de todas las disciplinas de las artes visuales que tuvieran el cambio climático como temática.

 

“La práctica artística no funciona como una carrera corta, sino como una maratón: necesita tiempo, continuidad y resistencia.”

 

La exposición que presentas es el resultado del proyecto con el que ganaste la Bienal de Artes Visuales Ricard Camí. ¿Cómo nació este proyecto y qué querías transmitir a través de la exposición “Toda piedra es una montaña en potencia”? ¿Por qué esta motivación por el impacto del cambio climático en los ecosistemas marinos profundos, la minería marina, la ciencia y la tecnología?

“Toda piedra es una montaña en potencia” hace referencia a la continuidad de escala entre lo microscópico y lo geológico, a la idea de que no existe una ruptura entre estos niveles. Me interesaba que este título funcionara como una entrada a la exposición, casi como una imagen mental: que al entrar, cada persona pudiera imaginar cómo en lo pequeño ya está contenido un proceso mucho más grande, lento y acumulativo.

Esta idea dialoga ya con la primera obra, “To Hold As Letting”, en la que hay unas esferas hechas con sedimento del fondo marino que se pueden tocar y sostener. Son formas que pueden recordar tanto una partícula o una molécula como un planeta, y que conectan diferentes escalas a la vez.

El proyecto nace del interés por investigar los mecanismos y modelos que utilizamos para entender y construir la idea de la vida y de la existencia. En este caso, parto del fondo marino porque es un espacio esencial para el equilibrio del planeta y para nuestra propia vida, pero que al mismo tiempo nos queda muy lejos y es difícil de experimentar directamente.

Esto hace que nuestro vínculo con este entorno dependa en gran medida de mediaciones —científicas, tecnológicas, narrativas—, y estas mediaciones también condicionan cómo lo imaginamos y cómo nos relacionamos con él.

Por eso, la exposición propone tres obras que intentan abrir otras formas de aproximación, con el propósito de promover una vinculación más ética, sensible y sostenible con entornos que aún no comprendemos del todo, que conocemos solo parcialmente o que quedan fuera de nuestro campo de percepción directa.

 

La exposición incluye imágenes del océano Ártico a 5.500 metros de profundidad, un perfume que emana de una pieza de vidrio sostenida por una red que se activa con un sistema fotovoltaico de bombeo, y una capa de polvo sobre un metacrilato fluorescente junto a bolas hechas con el mismo sedimento. ¿Por qué esta combinación de elementos y cómo los has trabajado?

Las tres piezas parten de la idea de que el fondo marino no es solo un lugar, sino también una forma de relacionarnos con la materia, el tiempo y aquello que no vemos directamente. Por eso, la exposición propone tres maneras distintas de acercarse a él: desde la forma, desde el movimiento y desde el lenguaje.

Desde la forma, con “To Hold As Letting”, trabajo con sedimentos marinos profundos recogidos entre 3.000 y 5.500 metros. Por un lado, hay una esfera hecha con la técnica del dorodango, pensada para ser sostenida con las manos, activando una relación física y de cuidado con un material muy lejano. Por otro, una placa cubierta de sedimento que puede desplazarse y que queda abierta a la deposición constante de nuevas partículas, incluidas las del propio entorno y de los visitantes. Aquí me interesa esta doble manera de relacionarnos con la materia: sostenerla o dejar que nos transforme.

Desde el movimiento, con “Where Breathing Becomes You”, el fondo marino se traduce en un perfume creado a partir de sedimentos de 5.500 metros de profundidad. Este perfume no está contenido, sino que se dispersa por el espacio como lo hacen las partículas en el agua profunda. El visitante no lo ve ni lo toca, sino que lo respira. Esto hace que el cuerpo entre en relación directa con una materia geológica remota a través de un gesto cotidiano e involuntario como es la respiración.

Y desde el lenguaje y la imagen, con “so uoo-op that sinks in”, combino fotografía científica y poesía performativa. Las imágenes, tomadas con una cámara que se inserta en el sedimento sin visión directa, muestran rastros mínimos de vida —como galerías o variaciones de color— producidos por organismos esenciales para el funcionamiento ecológico del fondo marino. Los poemas, por su parte, trabajan con el sonido, el ritmo y la respiración, haciendo que el lenguaje también se convierta en una forma corporal de percepción.

Estas obras surgen de distintas colaboraciones. Por un lado, del diálogo con el geólogo David Casas, del Institut de Ciències del Mar y la bióloga Jennifer Dannheim, del Alfred Wegener Institute, quienes han compartido conocimiento y también materiales procedentes de sus campañas científicas. Por otro, del trabajo con perfumistas de la empresa Givaudan, con quienes hemos desarrollado el perfume a partir de sedimentos reales del fondo oceánico.

Para mí, estas colaboraciones son fundamentales: no solo aportan recursos o conocimiento técnico, sino que forman parte del propio proceso de investigación y de cómo se construye el proyecto.

 

Eres un talento joven pero ya con una trayectoria artística importante. ¿Cuál es la clave de esta trayectoria tan intensa?

No sabría decir una única clave, sino más bien un conjunto de llaves, como las que llevamos encima cada día: la del piso, la del taller, la de la bici, la del buzón… En mi caso, la trayectoria funciona también así, como un conjunto de factores que se van sumando.

Está la clave de construir una buena red, tanto a nivel personal como profesional, porque al final todo pasa a través de las relaciones. También la de saber qué te interesa realmente, qué te mueve, cuál es tu motor, porque eso es lo que sostiene los procesos a largo plazo. Otra clave importante es rodearte de gente apasionada por lo que hace, porque esa energía compartida alimenta mucho y abre nuevas posibilidades.

Y luego hay una muy concreta pero imprescindible: encontrar una manera de cubrir las necesidades básicas. Desde el principio entendí que es muy difícil dedicarse a investigar si no sabes si podrás pagar el alquiler o comer al día siguiente.

Podría seguir con la lista, pero diría que el eslabón que une todas estas claves es entender que el conocimiento no es individual, sino colectivo y situado. Por eso muchos de mis proyectos nacen del diálogo con otras personas, y no de un proceso cerrado o solitario.

 

¿Crees que premios como este ayudan a consolidar a un artista? ¿Qué retos de futuro tienes?

Premios como este son muy importantes porque dan tiempo, recursos y contexto para poder desarrollar proyectos que necesitan largos procesos de investigación. En este sentido, sí ayudan a consolidar una práctica, sobre todo porque permiten profundizar y dar continuidad a una línea de trabajo.

Pero al mismo tiempo existen muchas dificultades estructurales. El sistema de autónomos en España, por ejemplo, no está pensado para las prácticas artísticas: las cuotas son altas, no se diferencia entre perfiles, y con frecuencia no se tienen en cuenta las particularidades del sector cultural, como los tiempos intermitentes, los procesos de investigación o la falta de ingresos regulares.

Esto hace que sea complicado sostener una práctica a largo plazo. Muchas veces los artistas tenemos que combinar múltiples actividades para salir adelante, y eso puede interrumpir o fragmentar los procesos de investigación.

En mi caso, me interesaría poder estabilizar más la práctica aquí, pero el reto es precisamente ese: generar las condiciones que lo hagan posible.

De cara al futuro, me gustaría poder consolidar estructuras más estables que permitan seguir investigando sin tener que detener constantemente los procesos. Porque, al final, la práctica artística no funciona como una carrera corta, sino más bien como una maratón: necesita tiempo, continuidad y resistencia.